• Cuando llegó el virus Covid _19 a nuestras vidas a España, ¿pensaste que podría pasarnos todo lo que estamos viviendo?

    Viendo lo que estaba pasando en China, imaginé que la cosa iba en serio. Soy muy precavida, se reían de mis precauciones porque trataba de concienciar a mi familia y amigos para que se lo tomaran en serio, aunque nunca pensé que sería tan trágico como ha sido, sobre todo en España.
  • ¿Pensaste qué llegaría a tu vida y a la de los que más quieres?

    Sí claro, pensé que existía la posibilidad de que nos tocara a alguien de nuestra familia o amigos
  •  ¿Cómo supiste que tenías Coronavirus?

    Juan, mi marido y yo, somos catequistas del colegio Santa María la Blanca en el que se detectó el primer caso Coronavirus, de un profesor contagiado y en la UVI. Nuestros niños de catequesis eran alumnos suyos. Me encanta achucharles y darles besos, por eso el día que nos enteramos de lo del profesor pensé que algún niño podía habernos contagiado. A los 15 días de la última clase de catequesis, empecé por la noche con la mayoría de los síntomas. Mi marido, que me conoce y sabe que soy un poco aprensiva me decía, Carmen  que no pasa nada,  pero yo sabía que si pasaba, me hizo caso y decidimos mi aislamiento inmediato.
  •  ¿Qué supuso para ti y para tu familia?

    Una situación de muchos momentos muy complicados. Vivimos,  desconcierto, mucho miedo, angustia, ansiedad y preocupación como todos supongo, por una enfermedad de la que incluso los médicos y los científicos sabían todavía muy poco.

    Fueron muchas noches de angustia, en las que no podía pensar, ni si quiera rezar y otras en las que rezaba y le pedía a Dios que me diera fuerzas para soportar y ofrecer todo aquello por tanta gente que sabia que estaba peor que nosotros o moría sola.

    Pedía a lo bestia para que Dios me diera fuerzas y para que aquello nos valiera a todos para aprender algo bueno.

Mi hija Lourdes de 21 años  se hizo cargo de  todas las tareas de casa y de cuidarnos a su padre y a mi.  Carmen, la mayor dejó a sus 4 hijos y a su marido para, trabajando desde nuestra casa, poder también cuidarnos y acompañar a su hermana de 21 años para que no se sintiera sola.

Supuso, también, momentos muy tristes cuando nos enteramos del fallecimiento de amigos a los que queríamos mucho. 

Al mismo tiempo cada vez éramos más conscientes de que nuestra vida y nuestras circunstancias son un regalo del que no damos las suficientes gracias a Dios.

Supuso sentirnos afortunados de estar rodeados de unas hijas que nos cuidaron con todo su cariño y  una familia y unos amigos que nos quieren muchísimo.

Pero de verdad cuando cada día abría los ojos y me sentía mal todavía, incluso muy mal, luchaba porque no me invadiera el miedo, el desánimo, quería ser agradecida por tanto como Dios me había regalado y por ser tan afortunada en los medios materiales y espirituales.

  •  ¿Cómo has y estás llevado el aislamiento tanto tiempo? ¿Qué es lo que te ha ayudado a  sobrellevarlo o hacerlo más soportable

Al principio ni lo pensaba, ni sentía el aislamiento, no podía con mi alma y estar aislada, hasta lo agradecía, según  fui mejorando me ayudó mucho físicamente a recuperarme, caminar y lo hacía por mi habitación todos los días media hora, por la mañana y media por la noche, 5 o 6 km. diarios para ir recuperando fuerzas y energía.

Emocionalmente, imposible ver la tele, ni las noticias, una carga tóxica para mi insoportable ver y escuchar cómo aumentaba la curva de enfermos, de muertes, de saturación en los hospitales, me provocaba angustia y ansiedad.

Pedía a todas mis amigas y mi familia que por favor no publicaran en los chat noticias trágicas. Me ayudaban  noticias esperanzadoras, saber cuántos enfermos lo estábamos superando, que avances se estaban logrando en la investigación de éste maldito virus, en las vacunas, en los tratamientos.

Cuando ya estaba un poquito mejor, me ayudó muchísimo también crear una rutina diaria de ejercicio físico, aseo personal, asistir a Misa, hablar con Dios,  escuchar las homilías del papa, rezar el rosario, limpieza de mi cuarto y baño, hablar por teléfono con hermanos y amigos,  leer alguna novela. Al principio no era capaz de concentrarme en ningún libro de lectura espiritual,  AHHH y me encantó  ver videos de mi antigua profe para mejorar en una de mis pasiones ¡el golf!

Me ayudó muchísimo, despreocuparme de mis miedos y confiar en Dios. Pensaba que aún sin entender nada de lo que estaba pasando, podía confiar en que Dios tendría un para que.

  • ¿Nos puedes contar algunas anécdotas bonitas de esta situación? ¿Del trato con los sanitarios, de tus vivencias completamente sola, de cómo lo llevó tu familia?  ¿Se te ocurría alguna manera de animarlos?

    Me impresionó la respuesta de mi hija Lourdes, cómo supo adaptar su vida a la nueva situación. Lo que antes era una discusión permanente por el orden de su cuarto de su baño de sus cosas, ahora se había convertido cada día en irme dando una alegría con sus progresos;

    “Mamá, hoy he ordenado mi armario, no te lo vas a creer cuando salgas y los veas”,  “Mamá, mi cuarto está impoluto, como a ti te gusta”, jajajaj,,” Mama tengo la cocina como los chorros del oro!”!, “Mamá, te he preparado una comida que te vas a chupar los dedos”, No me lo podía creer, sobre todo porque sabia lo que le costaba.

Me acuerdo del primer domingo después de que a mi marido le hubieran dado el alta, mis hijas nos prepararon un aperitivo riquísimo y con una presentación maravillosa. Eso si nos dejaron un cartelito con un texto, “cuidadin, no os acostumbréis a estos mimos” Nos reímos mucho y todos los domingos teníamos una sorpresa con un aperitivo rico.

  • ¿Qué crees tú que ha supuesto este parón /aislamiento en nuestras vidas? ¿Qué ha supuesto en la tuya?

Depende mucho de las circunstancias de cada uno, de su mirada hacia la vida y del sentido que encuentre en las dificultades. De que se sienta solo o acompañado, de que tenga fe o no la tenga. No creo que nos haya afectado a todos por igual ni que todos saquemos los mismos aprendizajes.

Si creo que ya nada será igual, ni mejor ni peor y sé que podremos seguir siendo felices aunque vivamos de forma diferente.

Un amigo nuestro, medico decía que se podía saber la inteligencia de una persona por sus aprendizajes después de pasar por una enfermedad grave y por el tiempo que le durara. Si había aprendido a distinguir lo importante de lo superfluo,  a  querer más a los suyos, a darse cuenta de que en esta vida estamos de paso para el cielo, a ser agradecido y a disfrutar del hoy sin mirar el pasado y sin pensar en el futuro, y eso le duraba tiempo, entonces era listo y si no tonto macizo.

Yo elijo quedarme con lo bueno, con que hemos sentido el cariño y la compañía de mucha gente.

  • ¿Qué reflexiones has sacado en estos días? ¿Cómo es ver la vida desde la ventana? ¿Qué te está ayudando a llevarlo mejor?

 Me he sentido muy cerca de mis hijas. Me acuerdo, ya una vez mejor, de las conversaciones desde detrás de la puerta con mis hijas para darme ánimos y recordarme permanentemente:

“mama, tu eres una persona alegre y con fe, no tengas miedo, ni siquiera a la muerte, da igual cuando nos llegue, siempre será en el mejor momento”. Esas palabras al principio me sobrecogían pero luego pensaba es verdad, es así y será lo que Dios quiera.

Me está ayudando mucho ser una persona alegre, desdramatizar lo que me pasa y si puedo o no puedo salir, empeñarme en quedarme con lo bueno que me pasa y tengo, Empeñarme en mirar la vida desde el agradecimiento por todo lo que sigo disfrutando y no desde la necesidad de lo que me falta. No quiere decir que todo lo vea de color rosa pero me empeño en sacar lo bueno de las situaciones. Es un ejercicio de voluntad  que no siempre es fácil pero a mi me ayuda.


  • Cuando le tocó a tu marido y tuvo que estar ingresado, ¿qué supuso para ti? ¿Qué se siente, cuando el que está malito no es uno mismo, sino alguien por quien darías la vida?

Cuando ingresaron a mi marido fue un ¡¡shock!!, para mi su compañía era muy importante, su apoyo y sentirle cerca sobre todo por las noches me ayudaba. Al principio lo viví de forma egoísta, desde mi necesidad de sentirme segura y en su compañía

pero su testimonio de paz de serenidad me cambió el chip.  Él es muy valiente y tiene tanta, tantísima fe, que todo lo vivía para bien.

Cuándo vino a casa, fue una alegría inmensa para todos, en broma le dije que me preocupaba,  y seguro que las mujeres que me lean lo entenderán, que el mando de la tele pasara otra vez a su propiedad. Bromas a parte, me sentí muy agradecida porque Dios me diera la oportunidad de seguir teniéndolo a mi lado ahora que los dos estamos jubilados y podemos disfrutar juntos.

  • Y tú marido ¿Qué tal lo ha vivido? ¿Qué palabras le dedicarías, si estuvieras a solas con él, una vez pasado todo?

Mi marido hace bueno el dicho de “Nunca acabarás de sorprenderme” con su testimonio de serenidad  para aceptar lo que viniera. Todas las mañanas cuando pasaba el médico a verle, nos daba el parte  para que no nos preocupáramos con  un mensaje, siempre en positivo por lo bien que se encontraba,  por  lo mucho que le cuidaban y  por lo acompañado que se sentía con todos los mensajes que recibía.

A él le diría ¡¡Que grande eres chiquitin!!!, después de 42 años de matrimonio, ni coronavirus, ni historias, seguir juntos contra viento y marea, ha sido nuestro mayor logro

  • ¿Y tus hijos, qué tal lo han llevado? Alguna anécdota que nos quieras contar o destacar.

    Lourdes, que vive con nosotros, y tiene 21 años, creo que fue la que peor lo pasó, sobre todo cuando me vio tan hecha polvo e ingresaron a su padre. Agradeció muchísimo la generosidad de su hermana que dejo a su marido y a sus 4 hijos para acompañarla y cuidarnos en casa.
  • ¿Volverías a pasar por estas vivencias tan duras?

    Hombre, así a bocajarro y tan reciente, te diría, no gracias, pero conociendo el final, no tiene merito, si me dijeran que era para un bien para mi marido o para mis hijas, me costaría pero lo haría.

  • ¿Crees que se puede ser feliz ante esta situación?

    Depende de a lo que llamemos felicidad, si felicidad es vivir una vida coherente, sabiendo aceptar y aprender de los momentos duros y disfrutando de todo lo bueno que se nos ha dado de camino al cielo, si, pienso que se puede ser feliz. La felicidad también tiene mucho que ver con cómo eres capaz de superarte a ti mismo y a las dificultades que te toque vivir.

  • ¿Qué le dirías a una alumni que está pasando ahora mismo la enfermedad o la de personas queridas a las que no pueden ir a ver con frecuencia o incluso no pueden ver en estos días

    Le diría que nada es al azar que existe la providencia, que aproveche este sufrimiento para ofrecerlo, que desdramatice, que aguante como una jabata porque puede ganar la batalla a este virus. Que piense en qué puede tener de aprendizaje para ella o para los suyos. Que no se intoxique con lo trágico, con todo lo malo, que busque momentos para disfrutar que le den fuerzas y que rece  y dé gracias a Dios todos los días.

    También le diría que gracias a Dios, cada vez se sabe más de este bicho y de cómo tratar la enfermedad.
  • ¿Qué palabras de ánimo le dirías a quien ha perdido a alguien por esta pandemia?

    Le diría que entiendo su sufrimiento, le diría que piense en quien la necesita y sigue aquí a su lado. le diría que  su marido, su mujer, su padre, madre o a quién haya perdido, la Virgen nuestra madre, le estará esperando en el cielo con los brazos abiertos. Le diría que aunque no alcance a entender nada,  que confíe, confíe y confíe en que todo pasa para bien y la muerte siempre nos llega en el mejor momento y nos abre las puertas del cielo.

  • ¿Ha habido un antes y un después en Carmen, una vez vivido esta experiencia? ¿qué y por qué? ¿Qué ha sido lo peor que has vivido? ¿Y lo mejor?

    he tomado conciencia de muchas cosas que ya sabíamos pero teníamos olvidadas, que somos vulnerables, que no podemos vivir mirando nuestro ombligo porque nos necesitamos unos  a otros,  que hay pocas cosas realmente importantes pero que por ellas merece la pena dejarte la vida y

    que el mundo necesita de Dios y de personas comprometidas que piensen en sus deberes y no tanto de personas que piensen en sus derechos. Y lo mejor, que vale más un buen testimonio y una buena oración que mil palabras!!
    Lo peor que viví, fueron los momentos de miedo e incertidumbre por lo poco que se sabia de esta enfermedad.  Me agobiaba pensar en mi hija Lourdes y como se sentiría si su padre o yo le faltáramos. Me acordé muchísimo y me producía un dolor inmenso todas aquellas personas, que se sabía habían fallecido solas en una habitación, el dolor de sus familias sin poder asistirlas.

    Lo mejo
    r, fue mucho, tantos testimonios de personas comprometidas, solidarias atendiendo a los enfermos, y a las necesidades de todos.

    La respuesta de mis hijas, la de mi hermana Gema, pendiente de mi y preparándome comiditas ricas para que comiera, la del resto de mis 9 hermanos, el ramo de flores que me envió  mi cuñado Paco, el ramo de flores del novio de mi hija Lourdes, la compra diaria de mi yerno Antonio, las llamadas de mi hija Pati y mi yerno Nacho para darnos ánimos, para ponernos en contacto con médicos que nos calmaran y nos explicaran lo que debíamos ir  haciendo. Las llamadas de mis nietos, las llamadas y mensajes de mis amigas y de mis compis de Montealto. Las cartas que me escribieron muchos de mis sobrinos para decirme lo mucho que me querían y me necesitaban y que me recuperara pronto. Los cuidados de mi marido, sus vasos de agua todas las noches para que me tome las medicinas. Las meditaciones y charlas que escuche y me ayudaron tanto. Son muchas cosas buenas las que me han pasado y por las que me siento profundamente agradecida.
  • Carmen, última pregunta, aunque te haría mil: ¿Eres feliz?

    Pues mira, sí. Lo he pasado mal, pero me siento afortunada y agradecida por haberlo superado y por la vida, el marido, la familia y los amigos que Dios me ha regalado.

Mil, mil, mil gracias por estar a nuestro lado, por acceder a contarnos tu experiencia, que, sin duda, será el despertar para muchas de nosotras

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