ENTREVISTA A DON MIGUEL DOMINGO
Don Miguel ha sido una figura muy querida en la historia de Montealto. Como sacerdote del colegio, acompañó durante años a alumnas y familias en momentos clave y el que recordamos todos con gran cariño es la primera comunión. En esta entrevista, Don Miguel comparte con nosotras algunos recuerdos y anécdotas de cuando estuvo en el colegio.
- Don Miguel ¿Cómo llegó a Montealto y cuántos años estuvo en el colegio?
Llegué a Montealto en 1979, en el mes de febrero me encontré con Don Anastasio, que me hizo algunas preguntas sobre si yo vivía en América o si ya estaba en España, y después de una breve conversación quedamos en que iría yendo por Montealto dos a tres días a la semana hasta que terminara el trimestre.
Después de verano, al principio del siguiente curso, la directora, que por aquel entonces era Charo Araneta, me pidió si podría quedarme en el colegio, y en septiembre de 1979 fue el primer curso completo que yo comencé en Montealto.
Y desde ahí hasta la pandemia, de una manera completamente seguida, 40 años se dice pronto. Ha sido un tiempo más que suficiente para coger cariño y de verdad querer a Montealto y a todas las que estáis en ahí, tanto niñas como profesoras y personal no docente.
2. ¿Qué fue lo que más le llamó la atención del colegio y de sus familias cuando llegó?
Yo venía de Perú, dónde había estado visitando escuelas. En ocasiones escuelitas de pueblos muy pequeños con un alumnado muy reducido en comparación con la dimensión de Montealto.
Me llamó mucho la atención algo que luego refirió una comisión que vino a conocer el colegio. Cuando nos reunimos los sacerdotes con ellos les hicimos esta misma pregunta y nos respondieron, con mucha fuerza: “La alegría de las niñas”.
Yo también diría eso, “¡la alegría de las niñas!” que mantenían en todo momento, tanto en el recreo, como en las aulas.
3. ¿Qué recuerdos guarda de esos años?
Yo he visitado mucho las clases de los más pequeños, preescolar, que tienen unos 4 y 5 añitos. Les visitaba con regularidad, y pasaba largos ratos en esas clases tan simpáticas.
Les preguntaba su nombre, de dónde eran, sus juguetes… esas cosas tan sencillas. Les enseñaba el Rosario, rezábamos “las bolitas” (o más bien las contaban jajaja). Si estaba la teacher las rezábamos en inglés. Yo les enseñaba “Esto no son bolitas, sino besos a la Virgen”. Nos divertíamos un rato, rezábamos juntos y nos lo pasábamos muy bien.
Después yo he visitado mucho el curso de 3º de primaria, en el que hacían la Primera Comunión.
Ha sido una suerte que he tenido y que me ha marcado, pues han sido muchos cientos de niñas a las que les he administrado el sacramento de la eucaristía, recibido por primera vez.
Les daba clases de catequesis, contando ejemplos, aprendiendo con ellas, se asustaban un poquito cuando iba a preguntar… Esas cosas tan divertidas y tan simpáticas.
4. ¿Hay alguna anécdota que se le haya quedado especialmente grabada de sus años en el colegio?
A mí en el colegio Montealto, me han hecho la pregunta más grande, importante y desconcertante que me han hecho en mi vida. En infantil, una niña de 4 o 5 años que estaba sentadita en el suelo me tiró de la sotana y con esa gracia del tuteo infantil me dijo: “Oye, ¿tú vives en el cielo?”.
No sé qué le contesté, pero a mí me desconcertó mucho. Es una pregunta que me mí me ha servido para pensar, para rezar, para darme cuenta como los niños identifican sinceramente y rápidamente a los sacerdotes con Dios, con el cielo. Que una niña pequeña que te pregunté esto, pues me llamó la atención. Yo creo que le contesté “Ya lo querría jajaja”.
Es como para pensarlo todos.
Gracias, Don Miguel, por tantos años de entrega, cercanía y alegría. Su huella sigue viva en Montealto en el corazón de las antiguas alumnas.















