Todas las decisiones importantes en la vida, vienen precedidas por una elección anterior. Alguien nos precede, dejando en manos de nuestro libre querer, aceptar o no. Y así, ecco mi qua, en Italia.

Cuando terminé la carrera, desde un cierto punto de vista, solo estaba segura de dos cosas:

  1. Que tenía miedo, por desconocer qué era lo que quería hacer a partir de entonces;
  2. Y de que me escocía la conciencia por cuanto me pesaban unos tibios resultados académicos.

La sociedad me pedía a gritos, como a todos, seguir invirtiendo vida en formación. Había que especializarse en algo. Es así como funciona. Así que ya había alguien que estaba empezando a elegir por mí: formación específica.

En ese momento la vía rápida, parece ser el camino fácil. Con la misma lógica del dos más dos son cuatro, me matriculé en el máster de abogacía: porque había hecho derecho y porque el margen de elección era poco. Poco importaba que me resultase atractivo o no, todo fue fruto del descarte, no quería opositar y la carrera universitaria no tenía futuro en España.

Y fue entonces cuando se me eligió para un proyecto distinto ¿Un proyecto mejor? Se me ofreció la oportunidad de hacer un doctorado europeo, durante tres años, estudiando derecho, alternando estancia entre España e Italia, Madrid y Nápoles.

Todas las decisiones importantes en la vida, vienen precedidas por una elección anterior, pero siempre queda la respuesta. Y, digo yo, ¿qué es más importante la elección que nos precede o la respuesta?

Seguramente la elección precedente y sin embargo, está sometida al arbitrio de nuestra libertad. La elección, quedaría vacía de contenido dónde no hay respuesta.

Y respondí que sí. Y estoy agradecida al profesor que me ofreció está oportunidad y me ayuda a construirla. Lo que hacía mejor este proyecto era, que alguien me elegía para hacer lo que me gusta.

Pero mientras vivamos en espacio y tiempo, no elegiremos una vez y para siempre. Elegimos cada día.Y hubo días que pesaban más las dificultades que las bondades.

Y se me quedaba grande plantearme siquiera hacer una tesis. «¡Osada! Si solo tienes 22 años, tu inglés cojea y quieres aprender italiano; el doctorado es para los eruditos, ni siquiera para los que se esfuerzan«. Y entonces hay que volver a elegir. Elegir estudiar duro, en justa correspondencia con aquellos que te eligieron primero.

La libertad queda siempre. Yo elegí formación porque era mandato de la sociedad, pero elegí formarme en lo que me gusta. Y entonces sí, entonces sí perfilamos la figura, enriquecemos la personalidad. Entonces sí, nos formamos.

Responder, elegir libremente, es querer el querer de los que nos quisieron y eligieron primero.


Gracias Teresa por compartir tu historia, por decidir libremente y que esa elección conlleve pasión, correspondencia y valentía, valores que toda #alumni debería transmitir.

Vosotras Montealto alumni, nos hacéis cada día más grandes.

Alumna hoy, alumni siempre

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