Me llamo Mariola, tengo 22 años y ahora mismo estoy escribiendo desde Wageningen, Holanda. Me mudé aquí hace año y medio, más o menos, para empezar un máster en Bioinformática. Para poder explicar por qué esta oportunidad es tan increíble para mi, os tengo que contar muy brevemente cómo es mi vida en España.

En Madrid vivo con mis padres y mi hermana en un entorno bastante familiar, y con bastante quiero decir que veo a mis abuelos, primos y tíos cada semana. Prácticamente todos los días salgo con mis amigos del colegio y con mi novio; y, en los cuatro años que duró el grado en Bioquímica, amplié mi círculo de amigos, así que siempre me siento tremendamente arropada y feliz cuando estoy en mi tierra. Una vida rodeada de los míos, estudiando lo que me gusta, moviéndome por ahí en mi coche (esto es importante, como ya os contaré) y bajo cuidado de mi familia.

Dicho esto, aunque parezca raro, siempre he querido vivir fuera, así que cuando estaba terminando el grado, mandé todas las solicitudes que pude para estudiar el máster en otro país. Tras venirme abajo con varios rechazos de algunas universidades, por fin el 1 de junio de 2016 me aceptaron en el sitio que menos me esperaba de todos: Wageningen University and Research, en Holanda.

¿Qué conocía yo de Holanda? Realmente, nada. Solo había pisado el país una vez, durante dos días, así que no sabía más que las historias de aquellos que han pasado por aquí. Pero aun así, estaba emocionada y terriblemente asustada de empezar allí la nueva etapa de mi vida. Cómo ya os podéis imaginar, la mudanza no la hice sola, mis padres y mi hermana me acompañaron y, tras 16 horas de coche, cuatro días de mudanza, llantos y despedidas, me quedé sola en un lugar nuevo, con gente desconocida.

Poco a poco fui conociendo Holanda, mi universidad y la gente que llena las calles de Wageningen. Es una ciudad universitaria, lo que quiere decir que la mayoría de las personas que viven aquí son estudiantes, y, además, esta universidad apostó por lo internacional, por lo que estudio con personas de todo el globo.

Muchos os preguntaréis, ¿y por qué bioinformática? En el momento en el que tuve que elegir mi carrera, escogí bioquímica porque quería estudiar los mecanismos de la vida, descubrir poco a poco como funciona cada organismo e trabajar en un laboratorio. Sin embargo, a medida que fui formándome, me di cuenta de que es imposible que la investigación avance sin el soporte informático necesario. Esa es la razón por la que decidí especializarme en bioinformática, para facilitar la investigación científica y así aportar mi granito de arena al mundo.

Cada día aprendo algo nuevo, no solo de bioinformática, sino también del mundo y, sobre todo, de mi misma. Viviendo lejos, voy aprendiendo, poco a poco, a ser la mujer que quiero ser y creo que para poder aportar algo al mundo, primero hay que conocer ese mundo y Wageningen es una muy buena forma de hacerlo. Echo de menos a mi familia, novio y amigos todos los días, pero al final merece la pena, porque no quiero vivir siempre en mi burbuja, quiero forjarme ante situaciones desconocidas y sé que estudiar aquí me da grandes oportunidades de trabajo. Es definitivamente algo que le recomendaría a todo el mundo, es una manera única y divertida de aprender, es una de las mejores experiencias de mi vida, de momento.Fue duro y sigue siendo muy duro para mi estar lejos de mi gente. Estoy demasiado acostumbrada a tener siempre alguien con quien hablar, personas con quien quedar y gente que me cuida. Pero justo eso era lo quería conseguir con esta experiencia.

He cambiado la bioquímica en español, por la bioinformática en inglés; las maravillosas comidas de mi madre, por las cutreces que consigo “cocinar”; el sol, por la nieve; hablar cara a cara, por hablar por Skype; mi estupendo Seat León, por la bici que veis en la foto… Para las que crean que esto último no es un gran cambio, quiero que sepáis que yo odiaba las bicicletas antes de vivir en Holanda y que la foto que hay al lado es el canal donde me caí tras dos semanas montando en bici, así que para mi fue una locura que quería evitar y al final, como siempre que te mudas a otro país, me tocó adaptarme y me alegro de haberlo hecho.

Pero lo mejor de todo es conocer tantas personas de tantas culturas diferentes y trabajar con ellas, aportando lo que nos han enseñado en nuestros respectivos países, es muy enriquecedor e incluso chocante en varias ocasiones, te fuerza siempre a tener la mente muy abierta a la forma de vida de otras personas y a adecuarte a la manera de trabajar con gente que no piensa para nada igual que tú. Me gusta pensar que yo también estoy aportando mis ideas y mi cultura a gente muy diversa, que aquello que aprendí en el colegio, en la uni y cómo no, en casa, lo transmito con mi comportamiento y mi actitud.

Gracias Mariola, por enseñarnos que las dificultades solo nos hacen más fuertes. Seguro que tu testimonio le valdrá a más de una, para saber que quien quiere PUEDE.

Grandes #montealtoalumni tenemos por el mundo y encima lo comparten. Estamos súper agradecidas.

Si alguna quiere contarnos su historia, ya sea porque está en el extranjero o porque tiene una vivencia personal especial o de superación que contarnos, escribir a [email protected], estaremos encantadas de recibiros.

 

 

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