Aquí traemos el genuino y real testimonio de una de nuestra alumni Teresa Reinoso Lozano (promoción 38) que ante la mirada atenta de un niño y su inocencia más auténtica, le hizo replantearse muchas más cosas de lo que ella pensaba…

Se llama Jaime. Tiene «tres, ah no, cuatro» años. Y unos enormes ojos azules que me miran desorbitados al verme jugar como una niña más.

  • ¿Y tú cuántos años tienes? – me pregunta.
  • Veintitrés.

Esos son muchos años para un niño de su edad. No puede contarlos con los dedos de las manos. He ganado un punto en admiración.

  • ¿Y qué quieres ser de mayor?
  • Voy a ser… ¡médico! ¿Qué te parece?

Si hubiera estado hablando con un adulto, habría subido varios puntos en la escala. La conversación habría derivado en qué curso estoy, cómo veo el MIR, qué especialidad me planteo… Pero no estoy hablando con un adulto. Estoy hablando con unos ojos azules de apenas cuatro años de vida, que se encogen de hombros indiferentemente.

  • Médico… ¿Y qué más?

Bloqueo mental. ¿Y qué más? Me preparo para explicarle que «sólo» voy a ser médico, y lo difícil que es la carrera de Medicina como para complementarla con nada más; cuando acude al rescate su hermana Sara, una rubita de siete años que ya sabe «leer todo tipo de cuentos».

  • Médico… ¿Y no quieres ser también mamá? ¿O profesora?…

Sonrío. Se hace la luz. Claro que sí. Quiero ser médico. Y también quiero ser madre. Y profesora, para transmitir lo que he ido aprendiendo a mis hijos, y a la gente que me rodee. También quiero ser escritora, y escribir muchos cuentos e historias. Y cocinera, para preparar comidas deliciosas. Ya puestos, no me importaría ser aventurera, y vivir experiencias increíbles; o bailarina, aunque sea de poca categoría, para disfrutar en las fiestas con mis amigos. Podría ser deportista (de segunda división), psicóloga, pintora, guía turística, aprendiz de idiomas, costurera, organizadora de eventos, conferenciante, cuenta cuentos…

Revuelvo el pelo a esos ojos azules.

  • Qué buena pregunta, Jaime, ¡qué buena pregunta!

Y mientras los hermanos me cuentan sus planes de futuro, pienso en lo ancha que podría ser nuestra vida si no nos encantara estrecharnos las miras. «Sólo médico». ¡A quién se le ocurre! Menos mal que están los niños para devolvernos a la realidad.

Gracias Teresa por abrirnos la mirada más allá de lo establecido. Historias Montealto alumni que llenan, que encantan, que suman, que cuentan.

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